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domingo, 3 de marzo de 2013

Shabat 151 – El valor de la vida


Shabat 151 – El valor de la vida

Para mostrarnos el valor que la tradición coloca ante la vida humana traen la siguiente comparación. Por un recién nacido que apenas tiene unas horas de vida, se pude hacer cualquier tipo de transgresión del día de Shabat, pero si el Rey David muere, no hay nada que podamos hacer durante el Shabat.

La vida es el valor supremo y es por ello que debemos (no tan sólo podemos, sino debemos) hacer lo que sea para preservar la vida,

Todo vuelve como vos decis…
El Daf propone que el mundo es cíclico y que todo lo que damos nos vuelve, así si nos comportamos con misericordia, por ejemplo, recibiremos misericordia del cielo.

Hay seis lágrimas tres buenas y tres malas. Malas: las del humo, el llanto y la del baño. Buenas: de la fragancia, la risa y las frutas.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Shabat 56 – El equivocarnos nos hace humanos


Shabat 56 – El equivocarnos nos hace humanos

Recuerdo cuando estaba en la escuela primera que nuestra maestra nos hacía notar la diferencia entre los próceres latinoamericanos y un patriarca de la Tora. Mientras el relato histórico nos intentaba hacer creer que lo primeros eran casi perfectos en los segundos la Tora se encargaba de contarnos su lado más humano, sus bajezas, sus errores y transgresiones.

Pero los Rabinos de la época del Talmud se asemejaban algo a los libros de historia donde se pintaban a los próceres como casi perfectos. Así este Daf del Talmud, el último de este quinto capítulo del tratado de Shabat habla de varios de los reyes de Israel, en especial del Rey David reconociendo, en parte algún error, pero desmotivando a que otros lo señalen. De alguna manera incomoda que quien debiera ser ejemplo decepcione con el ejemplo.

Es bueno poder ver de frente nuestros errores, afrontarlos, asumirlos, disculparnos para poder mejorarnos y así seguir adelante. El equivocarnos nos hace humanos, aprender de nuestros errores nos hace grandes.  

viernes, 2 de noviembre de 2012

Shabat 30 – David y Shlomo


Shabat 30 – David y Shlomo, Reconciliarnos.

El Daf anterior termina con una Mishan donde se pregunta en qué casos se puede apagar una vela (en Shabat) y uno de ellos es si hay una persona  muy enferma.
Hablan sobre el Rey Shlomo y que sus palabras se contradicen unas con las otras. Esta suerte de incoherencia es lo que va a recorrer nuestro Daf. A David en el libro de los Salmos se le adjudica la frase: “los fallecidos no pueden alabar a Ds”, pero sin embargo Shlomo hace referencia a los fallecidos.

La lógica del dicho de David tiene que ver con que mientras estamos con vida tenemos la posibilidad de estudiar la Tora, cumplir con las Mitzvot y alabar a Dios, cosa que no es posible hace una vez que partimos de este mundo.

El Rey Shlomo, en contraposición, dice que Moshe en el desierto cuando hacía un pedido especial este no era respondido a menos que si citara a los patriarcas (Abraham, Itzjak y Iakov – claramente ya fallecidos).

Respecto a la temática, a David y Shlomo traen un Midrash donde David pidió perdón a Dios por su pecado y le pidió a Dios que le de una señal para que él sepa que había sido perdonado. Dios le respondió que no le iba a dar la señal en el momento, sino en una próxima oportunidad. Cuando se construyo el Beit HaMikdash Shlomo le pidió a Dios para que lo deje entrar con el Aron que contenía la Tora al Kodesh HaKodashim, pero las puertas estaban cerradas (pegadas una con la otra, dice el texto), Shlomo suplicó y estas no se abrían hasta que invocó a David, su padre – ya fallecido – y ahí se abrieron. El Talmud dice que en ese momento todos supieron que David fue perdonado.

Cuantas historias de reconciliación entre padres e hijos son similares a estas y cuantas quedan truncadas, esperando para la reconciliación. Quizás sea ya tiempo de ingresar al Kodesh HaKodashim y reconciliarnos cada uno con nuestras propias partes des conciliadas.

Continuando con las contradicciones nos cuentan que querían mandar a la Gniza el libro de Kohelet (Eclesiastés, Adjudicado al Rey Shlomo) y dicen que no lo mandaron a la Gniza porque al comienzo y al final del libro se hace alusión a Dios, y al apego a la Tora. Algo similar respecto al libro de Mishlei (Proverbios).